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Beyond The Mind, un ingenioso videojuego hecho por una sola persona


Por: Fernando Chuquillanqui

Periodista, cinéfilo, coleccionista, gamer.

No me cansaré de repetir que la industria de los videojuegos le debe mucho al circuito independiente, que cada año engendra notables producciones hechas con poco presupuesto, pero con mucho esfuerzo y creatividad.

Muchas de estas obras son realizadas por equipos reducidos, que no superan la decena, pero también hay casos excepcionales, en los que un solo desarrollador hace todo el trabajo: Papers, Please (Lucas Pope), Axiom Verge (Thomas Happ) y UnEpic (Francisco Téllez de Meneses) son solo algunos ejemplos.

La developer francesa Emilie Coyo se suma a esta selecta lista con Infinite – Beyond The Mind, un ingenioso videojuego de acción con estética retro, que la joven desarrolladora hizo en varios años de trabajo, y que se acaba de estrenar en PlayStation 4, Xbox One, Nintendo Switch y PC.

Este título es básicamente un hack and slash con plataformas, pero incluye secciones de disparos al puro estilo U.N. Squadron. Todo el videojuego está diseñado en pixel art, con un estilo chibi que le da a los personajes y enemigos un acabado humorístico.

La historia del juego es poco más que anecdótica: Evangelyn Bramann (¡vaya nombre!), gobernante del Reino de Beljantaur, intenta dominar el mundo, para lo cual ha desplegado a sus esbirros. Para salvar al mundo de la devastación (siempre quise usar esta expresión en uno de mis textos), entran a tallar las protagonistas del juego: Tanya y Olga, dos jóvenes con un poder excepcional.

Infinite – Beyond The Mind es bastante accesible a nivel jugable, con un botón de ataque, otro para salto y un tercero para esquivar (que si mantenemos apretado servirá para solicitar un ataque aéreo muy poderoso). A medida que avanzamos, iremos desbloqueando algunas habilidades, pero nada que cambie radicalmente la simple estructura original.

El control es correcto, pero me dejó la sensación de que se pudo mejorar en algunos aspectos, como más opciones de ataque (los golpes son solo hacia los lados, siendo imposible atacar hacia arriba) o una revisión de la precisión de los saltos en las secciones de plataforma. Además, las fases de disparos son muy básicas y cortas, tal vez lo más flojito de la campaña.

Un detalle llamativo de Infinite – Beyond The Mind es su música, elaborada por el artista Defense Mechanism (la única colaboración que tuvo Coyo en este juego). Las piezas son chiptunes pegajosos, bien seleccionadas para acompañar las acciones.

La campaña peca de corta, con apenas 16 misiones, varias de las cuales pueden acabarse en cuestión de minutos. Yo, por ejemplo, acabé la campaña en poco más de tres horas. Además, hay pocos incentivos para rejugar, salvo retarte en un nivel de dificultad más elevado o probar pasar la campaña en cooperativo.

En conclusión, Infinite – Beyond The Mind es un ingenioso videojuego que nos transporta a los viejos buenos tiempos de la industria, cuando este tipo de títulos era el auténtico rey del catálogo. No es un imprescindible, pero si estás buscando una opción retro, yo le daría una oportunidad.





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